Atenta a lo que ya ves

El miedo en sí es otro estado más que te acompaña en el transcurso de tu vida. Si observas dónde reposa en ti, cómo y cuando aparece, si es real o ficticio, si es tuyo, enseñado o repites el estado de alguien, entonces puedes reconocerlo y clasificarlo para poder abordarlo desde la raíz.

Quizás ese miedo tenga que ver con que no te sientes capaz o que no puedas superar algo que te sucede en tu día a día. También puede venir de la constante desvalorización externa donde entran creencias infundadas , imaginadas por la mente de un adolescente:”no valgo, no soy suficiente, mis padres no me quieren porque soy miedoso, porque no hago las cosas bien, siempre me equivoco”. El miedo no se instala tan adentro de la noche a la mañana como tampoco lo hacen la mayoría de los estados, patrones, creencias; requieren un tiempo de repetición hasta que se instalan de modo automático y activan una serie de reacciones, pensamientos y comportamientos, que no controlamos voluntariamente.

Sería algo así como un ordenador programado para reaccionar de determinada manera al miedo y con infinidad de información de cada una de las situaciones y sus variantes.

Cuando creces y te desarrollas en un ambiente de miedo tus comportamientos lo acompañan, tu inconsciente actúa desde lo aprendido repitiendo patrones una y otra vez, viendo de manera natural tu comportamiento ante situaciones que te dan miedo.

Dan miedo, por ejemplo, los primeros trabajos, las complicaciones en las facturas,caer enferma; da miedo sentirse débil, vulnerable, con alguna lesión, da miedo estar de baja indefinidamente. Estos miedos podríamos decir que son “ naturales”, nos dan la adrenalina justa para resolver el obstáculo. Pero los que son infundados, son los que nos paralizan porque vienen de la parte aprendida, eso que repites porque se lo has visto hacer a alguien .

Hay infinidad de situaciones que nos pueden dar miedo y dependiendo de cómo las afrontemos, de cómo las clasifiquemos (si vienen de algo real o imaginario) y de cómo lo resolvamos, que tendrán una repercusión u otra en nosotras y en nuestro cuerpo.

Muchas veces nos centramos solo en lo que queremos llegar a conseguir o solucionar y muy poco en lo que ya nos hemos dado cuenta.

Para superar un miedo el primer paso es saber que lo tienes. En segundo lugar, averiguar de dónde viene y dónde se manifiesta en tu cuerpo. Y en tercer lugar, tener paciencia y reconocerlo para poder vencerlo.

Estoy de acuerdo en que estas afirmaciones parecen muy obvias pero al mismo tiempo son complejas de integrar.

Andrea Iborra