Interdependencia
La Tierra nos acoge sin preguntarnos qué intenciones tenemos hacia ella.
Habitada por una familia de homínidos que pertenecen al género Homo y a su especie
H. sapiens (del latín “hombre sabio”), que viven en la tierra y poseen facultades mentales extraordinarias. Sus capacidades cognitivas avanzadas, que incluyen el uso del lenguaje complejo, el pensamiento abstracto y la introspección, les han proporcionado muchas habilidades para desarrollar herramientas sofisticadas y adaptarse a diversos ecosistemas.
También, y a pesar de su inteligencia y capacidades, son seres vulnerables, con miedos e inseguridades. Experimentan estados mentales de diversa índole y su cuerpo enferma. Su alma puede además estar en desacuerdo con su mente y con su cuerpo.
Los conflictos internos que experimentan estos seres sensibles pueden traspasar sus fronteras personales y proyectar hacia el resto de mortales su propia percepción.
Hay una frase que me gusta mucho de Nazareth Castellanos, que nombra en su libro El puente donde habitan las mariposas, que dice así: “No vemos las cosas como son, sino como somos”.
Es decir: interpretación de las cosas que nos rodean, cómo vivimos aquello que nos sucede, nuestros pensamientos y comportamiento, dependerán en gran medida de cómo nos encontremos en ese momento. Tener en cuenta el funcionamiento de nuestra mente nos puede ayudar mucho a comprender lo que experimentamos a diario. Cuando somos capaces, gracias a la introspección, de reconocer el estado mental en el que estamos, entonces podemos elegir cambiarlo.
“Estos humanos son sociales, gregarios y necesitan formar tribus o comunidades para satisfacer su necesidad de pertenencia, sintiendo así que encajan en un grupo con sus mismos intereses, preocupaciones, aspiraciones en la vida, partidos políticos”) Les gusta mucho tener razón, insisten en tener la razón absoluta. Solo lo que ellos saben es la verdad. Puede que cedan un poco o compartan su verdad con un miembro de su tribu (a regañadientes), por ser afín a sus principios y por haberles apoyado en sus discursos la mayoría de las veces.
Tienen costumbres a veces extrañas, veneran a sus dioses, sacan a pasear a sus santos otorgándoles características propias de las personas vivas, aunque se trata solo de representaciones creativas hechas de cartón piedra con motivos brillantes, ropas y joyas preciosas.
Beben brebajes para relacionarse entre ellos. Quedan en lugares públicos y comparten toda clase de bebidas sociales que les otorgan un tiempo reducido de inhibición y adrenalina.
Es como el jugo de gummibaya de los osos Gummi, que cuando lo toman, adquieren facultades sobrenaturales que les hacen más fuertes y capaces de todo.
También utilizan vehículos de todo tipo para desplazarse de un lado a otro. Es una especie de jungla de asfalto, donde gana quien más rápido circula y quien más grande tiene el vehículo.
“Se observa una conducción motivada por el deseo de adelantar al vehículo contiguo, bajo el convencimiento de que los demás conductores deben adivinar sus intenciones de maniobra sin utilizar señales de aviso. Pero cabe resaltar que, a pesar de esto, nadie se comporta de manera incorrecta.”)
Aun con todas sus rarezas, costumbres y comportamientos poco saludables para ellos mismos y para el resto de seres humanos, forman parte de la creación, una red interdependiente donde todos están conectados con todos. A todos nos pasan las mismas cosas en lugares y circunstancias diferentes.
La originación interdependiente (o surgimiento dependiente) es el pilar central de la filosofía budista y establece que ningún fenómeno posee existencia propia o independiente. Todo surge, cambia y cesa en una red infinita de causas, condiciones y relaciones mutuas.
Operar desde un nivel de conciencia que no nos deja ver toda la verdad de nuestra realidad nos hace separarnos de lo que somos. Y no solo de lo que somos, sino de lo que somos parte.
“Podemos ver la sociedad como un ecosistema vivo situado en un paisaje artificial, circundado a su vez por diversos ecosistemas. Sería algo así como un gran organismo formado por capas interrelacionadas entre sí, donde la capa superior no puede existir sin la inferior”.
Si desaparece una sola especie de un ecosistema, esto repercute en todas las demás. Por lo tanto, no se puede ver un ecosistema por separado, ya que cada parte que lo conforma es importante y necesaria para la vida.
Trasladado a la humanidad, todas y cada una de las personas que hay dentro del ecosistema están también interconectadas y todas tienen su papel dentro del gran sistema vivo que es la humanidad compartida.
“El sol no sabe de buenos ni de malos; ilumina y calienta a todos por igual”. (Proverbio oriental).

