Entornos familiares

Aunque no seamos conscientes de que ocurre, cuando dejamos la casa familiar, dejamos solo un espacio físico donde hemos habitado y compartido con nuestros padres una parte de nuestras vidas.

¿Pero qué pasa con ese vínculo que nos une? Es como una especie de cordón umbilical imaginario que todavía nos mantiene unidos a ellos y de algún modo dependientes. El verdadero trabajo empieza cuando nos damos cuenta de que no estamos ya en la casa familiar y sin embargo no somos dueños de nuestras vidas.

La madre, que quiere tener cerca a sus cachorros, no suelta el control sobre ellos, sigue con el rol de protegerlos, alimentarlos, llevarlos por el buen camino, seguir inculcando sus creencias a su prole para que sigan los pasos correctos, los que llevan a la buena ejecución de las decisiones, de los comportamientos. Incluso nos da lecciones de cómo debemos pensar y sobre qué es admisible y qué no lo es para ellas. Nos pasa sus tradiciones, sus manías, su manera de fregar los platos, de escurrir el trapo, cómo debo de vestir para dar la impresión más acertada según su idea preconcebida y manoseada por los juicios, de lo que debe ser una persona bien vestida, elegante, aseada etc.

Heredas el qué dirán, si tu comportamiento rompe la tradicional manera de comportarse, de hablar, de ver el mundo, son conceptos sociales construidos desde las creencias mas absurdas, pero que obedecen a los contratos firmados socialmente. También La iglesia ha tenido mucha influencia en ciertos comportamientos sociales, como por ejemplo que debemos estar al completo servicio, dejando todo lo nuestro, y trabajando duro para ser una persona de bien.

Aquí tampoco hay culpables, hay resultados de un pensamiento y comportamiento social adquirido a lo largo de nuestras vidas.

La historia trae unas memorias, que pasan de padres a hijos y de hijos a nietos y así sucesivamente van pasando de generación en generación, hasta que son sustituidas, modificadas o cambiadas por otras mas acordes a los tiempos en que vivimos.

Pero ya volviendo a nuestro tiempo, a nuestra vida presente, a la mochila que llevamos repleta de todo lo nombrado que no es nuestro, empezamos poco a poco a analizar mas detenidamente el contenido de la mochila, porque ha llegado la hora de aligerar el peso que estamos soportando, de cosas que ni siquiera son nuestras. Toca un trabajo muy complejo de toma de decisiones, decidir qué quedarse y qué tirar, y se empieza un camino personal hacia lo que somos nosotras sin todas las influencias de nuestros padres.

Interior de la mochila:

  • A ver, a ver,… aquí hay una creencia de que tenemos que estar disponibles para todos en el momento que lo necesiten.

No siempre estamos para sostener a los demás, ni para hacer aquello que no deseamos o no podemos hacer por el motivo que sea. Si no estamos bien nosotras, no podemos sostener a nadie. Y hacer las cosas porque alguien dijo que se tenían que hacer, es algo generalista que no tiene en cuenta nada de una misma, de lo que le pueda estar pasando y si se agarra a esta creencia pues simplemente lo hace porque es lo correcto, porque está en la mochila y es lo que le enseñaron.

  • Hay que formar una familia, y tú vas pensando ya en un futuro con hijos,toda agobiada para tener un poco de dinero para tener hijos; sin tiempo porque si quieres ahorrar dinero tienes que hacer horas extra, con un deseo de estudiar una carrera pero el tiempo pasa y si te haces mas mayor ya no tiene sentido tener hijos porque hay que tenerlos joven para poder disfrutar bien de ellos, y sino tienes hijos, a ver quien te va a cuidar cuando seas mayor….. y de entre todo ese ruido, todos esos discursos que has acogido sin filtros, sin cuestionarlos, todo para dentro, surge desde lo lejos una vocecita que nos dice: ¿ pero tú realmente quieres tener hijos?

De repente se te cae todo encima.

Que no es nada mas que tu mundo saliendo a la superficie, viendo otra posibilidad.

  • Las patatas de toda la vida se pelan con cuchillo; esas mierdas de peladores modernos yo no me puedo aclarar con ellos y encima tardas mucho más que con el cuchillo. Y nada, se te queda la cancioncilla y pelas las patatas con el cuchillo, tal y como te dijo tu madre, quitándole la pulpa buena y tirando la mitad de la patata. Pero como me lo ha dicho mi madre , pues nada sacrificaremos la mitad de la patata.

Hasta que un buen día, vas a casa de una amiga. Estáis haciendo la comida y te dice que peles las patatas, te deja un pelador de patatas, coges el pelador, como un objeto altamente dañino y empiezas a pelar la patata después de haber preguntado cómo funcionaba el artilugio. Oye, después de haber pelado cuatro patatas, aquello ya parecía que iba solo, quitando la piel con una sutileza, sin ningún derroche de pulpa de patata,

! chica una maravilla ¡. Desde entonces amo el pelador de patatas.

No por ello dudo de que a algunas personas les guste mas el cuchillo, porque tienen mucha destreza para pelar sin desaprovechar la verdura.

  • Síndrome de la salvadora, una responsabilidad que nos agenciamos por pensar que tenemos la obligación y el deber de salvar a nuestros padres. Para ello sacrificamos nuestras cosas, nuestro bienestar, nuestra integridad mental, nuestro estado sentimental, emocional, por un exceso de bondad, de implicación en aquellas cosas que nada tenemos que objetar, ni cambiar , que es la vida y las decisiones de los demás, en este caso nuestros padres.

  • Hay que hacer más y más para ser algo en la vida, para tener algo en la vida que pueda dejar a mis hijos. Nos reconocemos a nosotros mismos por nuestros logros y no por lo que somos, todo lo que aportamos a costa de nuestro sobreesfuerzo por satisfacer las expectativas, quizás de otros, por una educación hacia el sacrificio de nuestro bienestar presente, para conseguir, almacenar bienes, y así que nuestros hijos tengan que hacer lo mínimo posible y acumulen de todo.

Son comportamientos, mentalidades, que hemos visto día tras día en nuestros padres, en nuestros abuelos, y ahora los repetimos nosotras, siguiendo así una especie de patrón familiar que viene de tradiciones socio-culturales arrastradas con los años.

Hemos crecido con comentarios de nuestras madres diciéndonos que ellas apenas tenían para sobrevivir y que su mayor anhelo era que a nosotras no nos faltara de nada, y harían todo lo que estuviera en sus manos y más para que eso se diera.

En la búsqueda incesante del bienestar de la prole, nuestros progenitores se dejaban la piel, con todas las consecuencias que aquello acarreaba, agotamiento constante, ausencia, estrés, ansiedad por llegar a lo establecido, aunque no les fuera posible en ese momento.

Que bonito trabajo de autoconocimiento, empatía y compasión por una misma y por los demás, sobre todo por nuestros padres que lo han hecho lo mejor que han sabido, lo han dado todo por nosotras/os con toda su buena voluntad y con las herramientas que tenían en ese momento de sus vidas, y también con todo lo que llevaban ellos en su mochila: creencias, patrones de comportamiento, traumas…

Y para emprender este viaje por nuestras profundidades. Es importante agradecer todo lo que se nos ha dado y lo que somos gracias a nuestra historia de vida, de aquello que nos hemos dado cuenta ya y de todo lo que nos queda por aprender en este camino hacia el auto descubrimiento. Sin prisa, a tu ritmo, sin reproches, con amabilidad, porque parece ser que las palabras agradables o que aportan bienestar, si las tenemos que dirigir hacia nosotras mismas nos cuestan mucho más que si lo hacemos hacia otras personas.

Algunos ejemplos de palabras comprensivas:

  1. Una amiga mientras tomamos un te, me revela que no se siente bien y que necesita apoyo para salir de su casa, porque está en un estado depresivo y un tanto apática. -Claro que sí, cuenta conmigo, me miro mi disponibilidad y te digo cuándo podría acompañarte y durante cuánto tiempo.

  2. Una compañera de trabajo se ha equivocado en una factura y la ha liado parda, viene a pedirnos ayuda y nosotras le decimos:

  3. – Tranquila eso le puede pasar a cualquiera, entre todas se nos ocurrirá algo y lo solucionaremos.

  4. Vas a un restaurante y hay camarero o camarera nueva y después de pedir la comida, vuelve a la mesa y nos vuelve a preguntar lo que habíamos pedido, disculpándose de que se había confundido de pedido y que era su primer día.

– No te preocupes, por ahí hemos pasado la mayoría de nosotros.

Respuestas hacia una misma, ni rastro de la empatía:

  1. Hablando con una amiga, me pregunta: por cierto, ¿cómo has quedado con la oposición?

-¡Ah, bien! El examen era muy fácil. Menos mal porque con lo cazurra que soy… y solo pude estudiar un mes. También se añade lo negada que soy yo para retener algo.

  1. En el trabajo sale una complicación, y parece que sea una equivocación por tu parte.

-Es que de verdad, ¿cómo se puede ser tan burra? Ostras, lo siento, qué imbécil estoy, ahora mismo me pongo a subsanarlo.

  1. Primer día de trabajo en la hostelería y traspapelas el pedido de una mesa, los clientes te llaman para ver qué ha sucedido y tú te acercas y les dices:

– Ay, ¡cuánto lo siento! ¡Qué torpe soy!, ahora mismo les traigo su pedido. ( Te alejas de la mesa con tu diálogo interno repitiéndote: qué burra soy, seguro que no me cogen para el trabajo, cómo me ha podido pasar esto).

Es esencial hablarse a una misma usando: “No te preocupes, estás aprendiendo”, o “lo estás haciendo muy bien, es normal que al principio te cueste, todo requiere de sus repeticiones para adquirir la práctica”, o “sé paciente contigo, cada una tiene sus tiempos, me parece muy bonito y valioso lo que estás haciendo por ti misma, disfruta del proceso y no te quedes solo con los resultados”.

Lo que te dices a ti misma es lo que determina tu motivación. Un diálogo interno amable y comprensivo desplaza las emociones negativas y favorece y refuerza la autoestima.

  1. Agradecimiento.

  2. Centrarnos en el proceso.

  3. Reconocimiento.

  4. Aceptación.

  5. Autodescubrimiento.

  6. Empatía.

  7. Compasión.

  8. Volver a agradecer.

Como es tarea ardua la revisión del contenido de la mochila, propongo esta lista como apoyo, guía o simplemente por si te aporta algún dato relevante y útil en este emprendimiento hacia el autoconocimiento. Es importante ser muy paciente y estar bien conectada a ti misma porque por mucho que queramos correr o solucionar las cosas rápidamente, en la mayoría de los casos, este tipo de aprendizajes se van dando durante toda tu vida: No hay que llegar a ningún sitio: todo se va dando a medida que vas siendo más consciente, que observas, oyes, sientes, investigas, te ves, y ves a los demás.

1. Agradecimiento.

Es de agradecer darse cuenta de donde estamos, quien somos, de dónde venimos, la mochila que llevamos y hacia dónde queremos ir.

Es como si observáramos un cachorro que está aprendiendo las técnicas de caza , de huida, de defensa, y es ley de vida y lo vemos de manera natural para que más tarde en la adultez pueda independizarse y descubrirse como individuo.

2. Centrarnos en el proceso.

Vamos aprendiendo y avanzando como ese cachorro que recibe las enseñanzas con ansia de aprender, de evolucionar. En el proceso se desarrolla el crecimiento , desde el presente se aprenden a resolver los obstáculos, Solo andando el camino puedes ver sus irregularidades.

¿Conocerías de igual forma tu camino andando que en todoterreno?.

3. Reconocimiento.

Reconócete a ti misma procurando no emitir juicios, solo observa lo que es.

4. Aceptación.

Acepta como eres, lo que llevas en la mochila , lo que ya ves y en lo que tienes que trabajar más para sentirte mejor.

De este modo todo cambia, porque la aceptación te no a la reacción, sino a la acción. Si te dejas llevar por la reacción entras en la queja, te identificas como quejica y mientras estás ahí metida no haces nada por accionar el mecanismo de mejora.

5. Autodescubrimiento.

Hazte preguntas: ¿Cómo me veo a mí misma?, ¿Estoy a gusto con lo que hago? ¿Qué me gustaría conseguir en la vida? ¿Estoy con la persona que amo? Reflexiona sobre lo que te gusta, sobre aquellas cosas que quizás han quedado rebotando en tu cabeza de algo que te ha dicho alguien, cuestionar si todo lo que tu piensas que es, pudiera no serlo.

6. Empatía.

Empatiza con el sentimiento o sufrimiento ajeno sin fusionarte con él. Tan solo viendo, escuchando y sosteniendo lo que es al margen de ti, te enseña a verte con los mismos ojos que ven, comprenden y sienten al otro.

Es un maravilloso entrenamiento de humildad mental y fortalecimiento espiritual:

dos aspectos superimportantes desde mi punto de vista para tu crecimiento.

7. Compasión.

Me miro y me compadezco de mí misma sin juzgar si lo hice bien o mal.

Simplemente me pongo en mi lugar, en el momento y en aquella situación, aceptando que entonces no podía ni sabía hacerlo de otra manera.

8. Volver a agradecer.

Agradezco ser quien soy y todo lo que se me ha dado. Agradezco a los padres que tengo y la educación que recibí. Siento gratitud por la vida que me dieron y por poder vivirla dignamente, con amor hacia todo lo que me rodea.

La mochila que me entregasteis es perfecta: me encanta su color, sus compartimentos y que incluya una funda impermeable y un espacio para poner la botella de agua de litro y medio.

Gracias, gracias, gracias.

Andrea Iborra