Mirar hacia otro lado

Observar los estados mentales en los que te encuentras, la mayoría de las veces, te pueden liberar del autoengaño y con ello de poder llegar a hacer daño inconscientemente a las personas que más queremos.

Como todos los estados mentales que experimentamos condicionan nuestra manera de percibir y estar.

Hay algo que te ha molestado de alguien , puede ser tu pareja, tu amiga , tu madre, tu padre….En el momento del suceso fuiste consciente de que aquel acto o no acto, palabra o falta de palabra te había molestado, pero lo pasas por alto porque te sabe mal sacar el tema, porque…¿ cómo le va ha sentar a la otra persona si se lo digo?, si en verdad no es para tanto, no lo ha hecho con ninguna mala intención, si nos queremos un montón sí, todo esto está muy bien pero la realidad es que te ha hecho sentir mal algo que ha ocurrido, algo que se ha pasado por alto y eras tu.

De esta manera , diciéndote este tipo de cosas, este discurso,empiezas una auto justificación para el auto engaño.

Y si te pregunta la persona en cuestión que ¿cómo estás?,si va todo bien,porque nota algún comportamiento extraño o fuera de lo que acostumbra a presenciar en ti, tu contestación es,

estoy bien , no me pasa nada, todo está bien, a mi, ¿que me va ha pasar?, nada.

Estas afirmaciones pueden parecer ciertas bajo el velo de la inconsciencia o el autoengaño que has mantenido. Sin embargo, con el paso del tiempo y el peso de la convivencia y las vivencias, tus estados mentales afloran sutilmente. Surge entonces una incomodidad creciente: reacciones desproporcionadas, interpretaciones sesgadas de la realidad y un malestar difuso cuyo origen, aunque quizá ya intuyes, aún te resistes a reconocer.

Empiezan, pues, pequeñas revelaciones desde tu conciencia, que lo ha presenciado todo. La mente tiene archivada toda una serie de experiencias que te hicieron sentir mal: cuando no te tuvieron en cuenta o te lastimaron con palabras hirientes y despectivas, cuando sentiste que no pertenecías a aquello que tanto anhelabas, cuando abusaban de tu bondad, generosidad o empatía… Y acuden a tu mente razonamientos del tipo: “Mira que si le estuviera hablando mal por aquello que sucedió hace x y no se lo dije… Es que claro, me he enfadado mucho por algo que, pensándolo en profundidad y desde la calma, no tiene mucha importancia

Hasta que llega un momento en el cual, la reacción ha pasado de ser un tanto inofensiva, aunque reaccionaria , a ser una reacción que toca aspectos más profundos de la persona sobre la que recae; es decir , que nuestras palabras o comportamiento empieza a hacer daño ,en este caso a aquella persona con la que hemos tenido el percal, o el conflicto que hemos silenciado.

Llegados a este punto, nuestra conciencia ya nos ha dado suficientes pistas como para seguir engañándonos al pensar que no nos ocurre nada y entonces empezamos a tirar del hilo y finalmente atribuimos esas reacciones a ese conflicto que no quisimos ver ni comunicar.

Nos queda pues el último paso después de aceptar qué es lo que nos está influenciando y condicionando nuestro presente, algo que ignoramos y no quisimos o no pudimos ocuparnos en el pasado, por el motivo que sea.

Romper el autoengaño es esencial para sanar y trascender estados mentales que afectan nuestro bienestar. El camino más saludable es la comunicación: expresar nuestro sentir y validar que ciertos comportamientos no nos hacen bien. Al elegir nuestra verdad por encima de las suposiciones o el miedo a lo que aún no ha pasado, dejamos de hacernos daño a nosotras mismas y a nuestro entorno

El resultado final después de haber hablado con la persona en cuestión y es experimentar la experiencia de haber liberado ese conflicto que guardábamos bajo llave, Desmontando todo lo que nos habíamos imaginado que pasaría si le comunicábamos lo que nos estaba sucediendo. Porque en realidad , si no transmites desde el reproche sino desde el respeto y la compasión que merecemos todas, la otra persona lo recibe tal como se lo transmites y ya está.

Se siente alivio, sensación de calma y paz interior al soltar el peso que llevas a cuestas, te sientes liviana , liberada y orgullosa de ti misma por haber roto ese patrón de comportamiento que arrastramos a lo largo de nuestra vida y que es adquirido inconscientemente por repetición de nuestra familia, por herencia generacional, la educación recibida, la sociedad en la que vivimos…

Recuerda que no se sabe cuantas veces mas caeremos en este tipo de comportamientos; que son complejos de modificar, precisamente porque son inconscientes y automáticos. Sin embargo en el momento en que nos damos cuenta de que este patrón existe, que operamos desde él, le ponemos palabras y accionamos otro tipo de comportamiento a seguir, se empieza a gestar el autocuidado, el amor propio, el respeto y la comprensión hacia una misma.