Amistades peligrosas

El lenguaje nos permite algo maravilloso y esencial para las relaciones humanas que es la comunicación. Nos permite entendernos, llegar a acuerdos, compartir lo que pensamos referente a un tema concreto, disfrutar del conocimiento y sabiduría de los demás y del tuyo propio.

Hay personas que nos aportan mucha paz y comprensión, nos apoyan en nuestros problemas, nos muestran su amor incondicional. Hay de otras que nos agitan mental y físicamente, que nos remueven las aguas internas de manera que pueden llegar a desbordar. Otras nos vomitan todos sus problemas, sus dolencias, sus pensamientos negativos y cuando han terminado, simplemente se despiden de nosotras tan tranquilamente, diciendo que han quedado para ir a hacer footing y llegan tarde.

Si todo está en constante movimiento, cambiando cada segundo que pasa, tomando y dejando estados, subiendo y bajando los ánimos, pasando 17.000 pensamientos diarios por nuestro cerebro esto nos muestra la impermanencia en la vida.

Entonces, ¿Por qué hay veces que paramos el tiempo y los procesos naturales con algunas personas y situaciones concretas? ¿Para qué crees que retenemos y no nos desprendemos de esos lastres?

¿Por qué motivo nos aterroriza tanto soltar aquello que ya no nos hace bien?¿Cuál es la necesidad tan fuerte para aferrarse a alguien o a algo con tanta adherencia?

Pregúntate qué pensamiento va asociado a ese apego y para qué lo sigues utilizando.

Tengo el armario llenito de ropa y me pongo solo el 2%, el resto lo tengo por si acaso. ¿ Por si a caso qué? ¿Para qué?

Tengo muchísimas amigas y amigos, vamos lo que se dice una vida social variada.

Me relaciono con muchas personas distintas y cada una de ellas me aporta algo diferente y genuino.

Mi armario social tiene personas del tipo, “si te he visto no me acuerdo”, “te conozco cuando necesito algo de ti”, “recurro a ti para volcar toda mi mierda, pero en verdad no me interesa lo que a ti te pueda suceder porque no te escucho cuando tienes algo que contarme”…También hay una dosis elevada de imposición de los punto de vista, valores, opiniones y la necesidad de que su verdad sea absoluta y sin lugar a debate.

Y por último están mis cuatro amigas de toda la vida, que nos juntamos de uvas a peras porque dos de ellas tienen niños y van superajetreadas; y las que no tienen niños, que también van cada una con sus proyectos a tope. Pero por mucho que pase el tiempo, cuando nos vemos es un baño de alegrías, cada una cuenta cómo le va la vida, en qué anda y los planes que le gustaría alcanzar en un corto-medio plazo. Tenemos una relación de respeto, y mucho amor las unas por las otras.

Parece que no cabe en esta sociedad tener solo cuatro personas con las que quieres relacionarte. Aunque las otras tantas sean un mero trámite social que debes experimentar sin que ello te suponga una agresión , o una falta de respeto por sobrepasar tus límites , y sin saltarte las necesidades vitales que te hacen estar en paz conmigo misma.

Si piensas que ha llegado el momento de hacer una revisión de aquellas personas que no te aportan sino que te chupan la energía, te comento algunas maneras de empezar a hacerlo.

Como quien revisa el estado de su armario: cuantas camisas tienes, cuántos pantalones, jerséis…

Como cuando dice Marie kondo que cojas una prenda y te pares a sentir aquello que te transmite.

Piensa mentalmente en aquellas personas con las que te relacionas o que están dentro de tu núcleo social de interacción.

También puedes hacerte una lista si te es más fácil para poder visualizar mejor a todas las personas que te rodean.

Ok, visualizas una persona y te dejas llevar por lo que te llega a través de tus pensamientos, lo que sientes, alguna reacción corporal. Por ejemplo, al ver a alguien te puedes poner nerviosa, con un cosquilleo en el estómago, presión o tensión abdominal, puedes generar una mueca o, sin darte cuenta puedes adoptar una posición corporal de defensa o protección.

Esto es un trabajo de investigación hacia un conocimiento más consciente sobre ti misma y sobre aquellas reacciones que te producen algunas personas con las que te relacionas.

Lo asombroso de este proceso de investigación personal es que ¡No necesitas saber nada!, es decir, es una reacción biológica, solo tienes que dejarte sentirla¿No es maravilloso? En estas prácticas te puedes dar cuenta de que realmente todo está en ti, todas las respuestas están en ti. El aprendizaje en estos casos, es directo, lo compruebas en el acto y no porque alguien te lo diga, sino porque no cabe la menor duda porque ha salido de tu cuerpo. Y el cuerpo grita lo que el alma calla.

Bueno, dicho esto, una vez que tengas tu listado de personas y que vayas visualizando una por una y te dejes sentir lo que te dicta el cuerpo y lo que piensas de él o ella, lo pones a continuación del nombre.

Seguimos con los ejemplos de la limpieza de nuestro armario:

Cojo unos pantalones y tal y como los voy sacando del armario, mi mente ya tiene una idea concebida de lo que le parece ese pantalón.

Estos pantalones me encantan porque me sientan muy bien, me gusta el color y la forma pero resulta que cuando me los pongo me roza la costura en el muslo y por lo tanto me incomoda y no los llevo a gusto.

Dicho esto, y viendo de una manera realista la descripción de la prenda, ¿qué harías con ellos?

Posibles respuestas:

  1. Bueno, a ver si más adelante, cuando adelgace un poco más, no me roza tanto la costura en los muslos y los puedo llevar mas a gusto. Los vuelves a guardar.

  2. Voy a deshacerme de ellos, porque en verdad no los llevo a gusto y están ocupando en el armario un espacio que podrían tener otros que sí que me pusiese.

  3. Podría llevarlos a la modista para que me los arregle y así me los podré poner.

Empiezan pues, a actuar algunas trampichuelas mentales que nos vamos diciendo para posponer la decisión de soltar.

Voy a comentar las respuestas 1 y 3 porque en la respuesta 2 la cosa está resuelta.

En la respuesta 1 esperas la posibilidad de que en un futuro te veas con unos kilos menos ( que no digo que no pueda suceder) pero, si partimos de que es un pantalón que te viene bien porque es tu talla, al perder unos kilos se te añadirá que ahora se te caen y no sabes a ciencia cierta si dejarán de rozarte las costuras aunque hayas perdido peso.

En la respuesta 3 te vuelves a repetir que puede haber una solución para que te los puedas poner de nuevo, pero va y resulta que cuando los compraste, al tiempo, los llevaste a una modista y te dijo que tenía prácticamente que deshacer el pantalón y volverlo a hacer entero para modificar la costura. Evidentemente valía mas el arreglo que el pantalón.

Le vamos dando vueltas y mas vueltas y nos acogemos a esas trampas mentales para no movernos de lo conocido, para actuar como siempre y no hacer trabajar de más a nuestra mente, y eso significa reflexionar sobre lo que nos conviene. Sería algo así como fomentar un tipo de pensamiento resolutivo hacia tu necesidad real.

Para que la toma de decisiones sea mas eficiente y beneficiosa, primero habrá que soltar aquella manera de actuar que ya no nos aporta resultados óptimos . Con ello quiero decir que, si te deshaces de ese pantalón que no te va, siendo realista y soltándolo, probablemente ese mismo día visites una de las tiendas a las que sueles ir a comprarte pantalones y saldrás con unos pantalones supermolones que te sientan de muerte y ya está. Liberación.

Acogiéndonos a esta metáfora, podemos darle otra forma y sentido a la práctica de toma de decisiones basadas en nuestra realidad y dejar atrás comportamientos que perpetuamos porque se han hecho siempre así, o porque “qué van a pensar de mi, seguro que si expreso lo que siento me dejan de hablar…”

Puedes imaginarte deshaciéndote de un pantalón que sabes que no te lo vas a poner nunca más y que lo retienes en el armario por si acaso algún día lo necesitas para algo.

Es importante decirte en voz alta para qué quieres sacarlo de tu armario, de esta manera tomas conciencia del porqué y para qué estás tomando esa decisión.

El pantalón sería una persona que ya no podemos sostener en nuestra vida porque nos hace sentir mal. Lo que nos hace sentir mal, incómodas es la costura que nos roza los muslos. La costura puede ser la falta de respeto hacia nosotras, el no dejarte hablar y acabando como un basurero emocional de los demás.

Y aún sabiendo que no nos hace bien, nos comportamos como siempre por no quedar mal, porque te sabe mal, porque se quedará solo/a…

Ya no te vale acogerte a esos comportamientos y creencias porque ahora sabes que no pasa nada por renovar tu armario y quedarte solo con lo que te sienta bien.

Romper con esos patrones de comportamiento aprendidos y aceptados socialmente es una tarea ardua pero vale tu alegría ser consciente de que detrás de ese trabajo personal está tu liberación.

¿Crees que merece la pena renunciar a tu bienestar sosteniendo aquello que no quieres sostener?

Que gran frase la que dice Jesús : “ La verdad os hará libres”

Tú eres tu verdad y si la atiendes te hará libre.

Be free.

Andrea Iborra