Aceptando el proceso
Hace años que te dedicas tiempo para ti, estás en una terapia de autoconocimiento, asistes a cursos para comprender el transcurso de los acontecimientos en tu vida, indagas en la muerte y hasta has hecho ya tus voluntades anticipadas. Cada vez te sientes más preparada para la vida, más consciente de ti misma y de todo tu entorno, y de alguna manera, te sientes como más a salvo de los cambios que van sucediendo dentro y fuera de ti.
Todo eso en la teoría. Y casi sin darte cuenta, estás inmersa en una situación que está claro que la vives, (porque no te queda otra), pero en ese momento desearías estar corriendo hacia ninguna parte y hacia todas a la vez, con tal de no estar viviendo en tus carnes, lo que está pasando.
No solo es darle espacio a la aceptación, a la comprensión, a la calma, a la compasión…También hay que darle espacio a la negación, a la rabia, a la impotencia, a la frustración y al miedo… Todo debe ser atendido para trascenderlo, permítete, si es lo que necesitas, patalear, gritar, llorar a moco tendido, desear ser otra persona menos sensible, desear que mi cuerpo no somatice tanto las emociones y que pueda fluir más la palabra.
Comparto un escrito de la víspera de año nuevo, cuando ingresaron a mi perrita y la cosa no pintaba bien. Nos íbamos a pasar el año nuevo fuera de la ciudad y la perrita se quedaba con su papi. Pero finalmente estábamos en el hospital, sin saber lo que ocurriría.
“No se trata tanto del por qué, sino del para qué de todo este desenlace. No hay que sacarle punta al lápiz: me refiero a buscar por qués, a pensar por qué así, por qué tan rápido y por qué ahora.
No está en mi mano determinar cuándo ocurren las cosas. En mi mano está poner toda mi atención a aquello que está pasando y acompañarme en este proceso constante que es la vida. El para qué de las cosas, la mayoría de veces, se clarifica mucho después de los sucesos, porque en ese momento no eres capaz de procesar lo que está sucediendo más allá del dolor que te produce, de la tristeza, del estado en el que entra tu cuerpo .
Para que se abran nuevos senderos, hay que abandonar los viejos y transitar los nuevos. Abandonar lo conocido no es tarea fácil. Cuando la vida te pone todo patas para arriba o tocas fondo, no es para joder, es para que puedas coger impulso, es para que inicies con tu nueva reestructuración tu nueva vida, para que tomes tu dirección y las acciones que de otra manera no se hubieran dado”.
Toda tu preparación, conocimientos, trabajo personal, se ponen en marcha cuando lo necesitas; hay veces que ni siquiera te das cuenta de cómo has podido hacer esto o superar lo otro y lo has hecho. Has puesto en práctica todas las enseñanzas y te has llevado la comprensión de lo sucedido, para que cada vez que vuelva a suceder algo potente en tu vida, estés más preparada, más abierta a la vida que has venido a vivir. Estarás aceptando los procesos, y preguntándote cada vez menos ¿por qué? y ¿por qué a mí? Y con ello habrás sacado otra pequeña parte del sufrimiento que se asocia a no querer ver ni aceptar la realidad.
La vida no es lineal, va como surfeando las olas que suben y bajan, y en ese devenir se aprende a vivir.
Finalmente, ese mismo día le aplicamos la eutanasia a la perrita, no había nada más que pudiéramos hacer por ella.

