Buscar culpables
Todas nos hemos sentido culpables de algo de lo que nos hemos arrepentido. Quizás alguna palabra más alta que otra a alguien que nos contrariaba en uno de esos días que lo último que necesitas es que te lleven la contraria.
Puede que eligieses una decisión equivocada porque fue apresurada, sin pensarlo con calma y te sientes culpable por ello. Sientes que las consecuencias de esa decisión han sido culpa tuya.
Cuando pasa un tiempo (para cada persona es de una manera: unas horas, unos días, una semana, meses, incluso años), mostramos arrepentimiento. Hay personas que se disculpan justo después de haber agredido, hay de otras que necesitan un poco más de tiempo porque su ego todavía no les ha dejado reflexionar sobre el tema de una manera objetiva, sino que solo contemplan su punto de vista. También hay personas que no detectan que se hayan comportado de manera grosera o agresiva hacia otra persona, por lo tanto, ni se plantean una disculpa y por supuesto sin rastro de culpa.
Digamos que este tipo de culpa es de lo más “llevadera”, no te has comportado bien o has agredido verbalmente a alguien… Y sencillamente te disculpas aceptando y sosteniendo las consecuencias que han generado tus actos.
Otro tipo de culpa es aquella que es generada por una misma sin ninguna base firme, sin que hayas hecho nada de lo que arrepentirte o disculparte. Es algo así como que no sabes muy bien qué has hecho, pero da igual, seguro que eres culpable.
Es aquella culpa de lo que no has hecho y crees que podrías haber hecho, pero en realidad no podías hacer nada más que lo que hiciste.
Por ejemplo: me siento culpable porque tendría que haber sabido como atender a esa persona que se desplomó en el metro y empezó a tener convulsiones. Ante una situación así, o tienes muy claro lo que hay que hacer, o eres sanitaria, médica, o como mucho pides ayuda al 112, a la policía o gritas socorro para que alguien ayude a esta persona.
Entonces, ¿dependiendo de cómo reacciones en ese momento eres más o menos culpable? Toda actuación es importante.
Si es una situación en la que no te has visto nunca, no puedes saber cómo vas a reaccionar en ese momento y además, también va a influir el estado en el que te encuentres tú.
Este tipo de culpa es menos llevadera y más agresiva que la primera que tenía un motivo, porque en este caso, no nos vale pedir disculpas y ya está, o simplemente aceptar que no sabíamos qué hacer o entender que hicimos lo que pudimos en ese momento tan complicado. La cuestión es que entras en una especie de bucle mental.
Culpa por lo que haces, por lo que no haces, por lo que no sabes hacer, porque lo deberías saber, porque no te has interesado por saberlo…¿Acaso podemos conocer algo que ignoramos antes de saberlo? En el caso de nuestra reacción ante un suceso, ¿Podíamos ser conscientes de lo que para nosotras no existía?
Y otra de las cosas importantes que tener en cuenta es que, como la perfección no existe, la imperfección está presente en nuestro aprendizaje y no hay necesidad de cambiar nada para que sea perfecto, sino simplemente hay que experimentarlo, entregarse a la experiencia y aprender de ella.
¿ Estaba exclusivamente en mi mano ?
¿ Podía hacer algo distinto en ese momento concreto?
¿ Qué es lo que puedo hacer yo ahora ante lo ocurrido?
¿ Cómo ha sido mi experiencia?
¿ Cual es el aprendizaje de lo ocurrido?
Andrea Iborra
